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viernes, 3 de mayo de 2019

Drogas en el Plan Nacional de Desarrollo

Noto en las redes a mucha gente emocionada por el apartado sobre drogas que contiene el nuevo Plan Nacional de Desarrollo.
Según la interpretación de muchos, la 4T se encamina a “legalizar las drogas”. Sorprendido y emocionado, acudo a la fuente para saber qué tan cierta resulta, al menos en el texto, esa apreciación. 
Encuentro que las consideraciones sobre drogas se encuentran en el Capítulo 1, Política y Gobierno, numeral 5, del apartado “Cambio de paradigma en seguridad”, bajo el título “Reformular el combate a las drogas”. A continuación el texto íntegro (las itálicas son mías)
5. Reformular el combate a las drogas. En materia de estupefacientes, la estrategia prohibicionista es ya insostenible, no solo por la violencia que ha generado sino por sus malos resultados en materia de salud pública: en la mayoría de los países en los que ha sido aplicada, esa estrategia no se ha traducido en una reducción del consumo. Por aún, el modelo prohibicionista criminaliza de manera inevitable a los consumidores y reduce sus posibilidades de reinserción social y rehabilitación. La “guerra contra las drogas" ha escalado el problema de salud pública que representan las sustancias actualmente prohibidas hasta convertirlo en una crisis de seguridad pública. La alternativa es que el Estado renuncie a la pretensión combatir las adicciones mediante la prohibición de las sustancias que las generan y se dedique a mantener bajo control las de quienes ya las padecen mediante un seguimiento clínico y el suministro de dosis con prescripción para, en un segundo paso, ofrecerles tratamientos de desintoxicación personalizados y bajo supervisión médica. La única posibilidad real de disminuir los niveles de consumo de drogas residen en levantar la prohibición de las que actualmente son ilícitas y reorientar los recursos actualmente destinados combatir su trasiego y aplicarlos en programas -masivos, pero personalizados- de reinserción y desintoxicación. Ello debe procurarse de manera negociada, tanto en la relación bilateral con los Estados Unidos, como en el ámbito multilateral en el seno de la ONU.  
Lo primero que salta a la vista es la disposición que dentro del PND guarda este apartado. El hecho de que se le ubique en el contexto de la seguridad revela que el nuevo gobierno ve las disposiciones y política actual hacia las drogas como un factor relacionado con la violencia, la inseguridad y en último grado, con la corrupción. Hasta aquí, se podría decir que, sin decir nada nuevo, el enfoque principal es acertado: la prohibición no es una alternativa, sino un obstáculo. 
En seguida, considera que tal prohibición ha demostrado con suficiencia sus limitaciones y consecuencias negativas: no ha disminuido el consumo, criminaliza “inevitablemente” a los usuarios, y reduce las posibilidades de “reinserción social y rehabilitación” de éstos.
En esta última frase empiezan los problemas. 
Más allá de que el texto salta de la seguridad a la salud pública, revela de inmediato una serie de prejuicios profundamente arraigados en nuestra sociedad, ya que después de afirmar que las actuales disposiciones sobre las drogas criminalizan a los usuarios, se contradice flagrantemente al determinar que éstos necesitan de “reinserción social”. Es decir, los usuarios son delincuentes por el hecho de consumir, acto que en sí mismo -se infiere-, los convierte en ovejas extraviadas que necesitan regresar al rebaño. 
Resulta preocupante, en este sentido, que nada se mencione de la reciente jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el cannabis -pero que es válida también para otras drogas- en la cual se establece claramente que el Estado tiene límites frente a las decisiones que los adultos tomen sobre sí mismos sin afectar a terceros; al tiempo que debe garantizar los derechos a la autonomía personal y al libre desarrollo de la personalidad. Es decir, se omite hablar de los derechos de los usuarios (que nunca son mencionados como tales, sino como “consumidores”) y peor aún, se determina que todos son antisociales, por lo que la nueva obligación del Estado es ayudarlos a “reinsertarse y desintoxicarse”. Y pues ya encaminados en la lógica anterior, nada se menciona tampoco de remover aquellas disposiciones legales que criminalizan inevitablemente al usuario: básicamente, el delito de posesión simple. 
Segundo prejuicio mayúsculo: para el PND, todo consumo de drogas es intrínsecamente dañino, y conduce inevitablemente a una adicción de la que es necesario “desintoxicarse”. El tema no es menor, ya que desestima el hecho de que menos del 10% de los usuarios de drogas tiene problemas con su consumo, mientras que más del 90% las usa de manera ocasional o cotidianamente, sin grandes daños a su salud o afectando a terceros. Esta omisión reduce las posibilidades de política pública a las dos tradicionales: prevención y tratamiento, obviando la imperiosa necesidad de considerar a la reducción de riesgos y daños como a el tercer componente de una política integral hacia las drogas. Es decir, deja fuera de la protección del Estado a más del 90% de los usuarios de drogas ilegales del país.
Por último (y me parece que esta es la joya del apartado): como quien no quiere la cosa, se advierte que cualquier cambio en la política de drogas deberá ser tomado en consenso ¡con los Estados Unidos y con la ONU! Es decir, no haremos nada sin la anuencia de nuestros vecinos, y volvemos al argumento de que si nada cambia en el exterior, nada se puede hacer en nuestro país. 
Si yo fuera el prohibicionismo, y después de que el Presidente anunciara que piensa hacer sus aliados principales en el tema de las drogas a los evangelistas, estaría feliz con lo que la 4T anuncia como su plan para “hacerles frente".

jueves, 23 de agosto de 2018

No es el poder, son los derechos.

Las buenas intenciones, para ser efectivas, tienen que ser acompañadas de acciones concretas, precisas, informadas y bien calculadas. De otro modo, la cura puede ser contraproducente. Es como decir “te quiero curar”, y proceder a recetar cualquier cosa sin tener un buen diagnóstico y un conocimiento certero de qué necesita el paciente y cuál medicina será la mejor. Sin prejuzgar, me parece que eso puede estar pasando en el tema drogas, tal y como lo está planteando el gobierno entrante. Amén de la falta de detalles frente a la abundancia de declaraciones, de la mescolanza de temas (salud, violencia, crimen organizado, etc) de los nombramientos contradictorios, también es necesario hacer notar que algunas de las medidas propuestas (como promover una nueva interpretación de los tratados de drogas) también pueden funcionar políticamente como excusas para evadir cualquier cambio real y concreto. Durante años tuvimos que enfrentarnos al pseudo argumento, por ejemplo, de que aun cuando tuviéramos razón en promover una reforma a las políticas de drogas, nada se podía hacer si primero no cambiaba el sistema internacional de control. Algo que Canadá, Estados Unidos, Holanda, Uruguay, ya probaron como falso. Sin embargo, ahora parece ser que México podría promover esa nueva interpretación del sistema “para llevar a cabo cambios a nivel nacional”. Leyendo entre líneas, pues, una declaración así abre la puerta a trasladar la responsabilidad de la reforma nacional, a un hipotético (y muy poco probable) cambio en los tratados de drogas. Lamento mi pesimismo, pero en este tema he aprendido a ser realista, y a desconfiar invariablemente de la política y los políticos que de pronto se muestran interesados por el tema. Por eso, primero, y antes que andar debatiendo si hay que confiar o no en la próxima administración, es preciso enfocarnos en las sentencias de la Suprema Corte de Justica de la Nación. Nos falta un quinto amparo para crear jurisprudencia, y de alguna forma separar realmente al usuario de las redes criminales y de ser considerado primeramente como delincuente. Y si obtenemos ese derecho para todos -algo ya reconocido por la corte- habremos ganado la batalla central: ya no tendremos que pedir a la política y al poder que hagan algo para regular; sino que será al revés: ejerceremos nuestro derecho, y serán ellos los que tendrán que decidir si vienen a regularnos, o no. Y eso cambiará todo, con independencia de quién ocupe la silla. Sea conservador, liberal, salvador o mesías. Seremos nosotros, los usuarios, los que tendremos el poder de decidir qué nos conviene y cómo nos conviene, mientras no afectemos a terceros. Lo mínimo, pues, que conlleva el ejercicio de cualquier derecho: libertad para decidir, con responsabilidades concretas para hacerlo. Nada más, pero nada menos. 

jueves, 3 de julio de 2008

Homenaje a Bélgica de cinco administraciones progresistas

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miércoles, 28 de mayo de 2008

Una raya más en el tigre nacional

De regreso a casa, en el coche, paso por un callejón estrecho cuando aparece un taxi en sentido contrario. Con gran desfachatez enciende las luces para que me quite, porque no está dispuesto ni siquiera a circular por el lado derecho. Me niego. Ante ello, tiene que orillarse y dejarme pasar. Justo cuando estamos ventana a ventana me doy cuenta que al volante está una mujer, mascando chicle, quien finamente exclama:

-¡Quítate wey!
-Oiga, usted viene en sentido contrario...
-Si, pero tengo prisa.

lunes, 28 de abril de 2008

La foto que se me fue

No la pude tomar, pero lo vi: un cilindrero (a los que por cierto no les tengo ningún afecto) dándole duro a la manivela... Y con audífonos puestos.

La benevolencia policiaca, de nuevo

Sábado en la mañana, en el coche con las niñas, doy una vuelta prohibida en Insurgentes. No venía nadie, pero no vi al cuico, así que me paró de inmediato. Una vez orillado, me pide los papeles. Cuando ve a las niñas en el asiento de atrás le brillan los ojos.

- Uy joven, se dio una vuelta prohibida en Insurgentes...
- Pues si, lo reconozco oficial.
- Y con esto del metrobús... va a pagar una multa de 1,200 pesos, se le van a quitar cuatro puntos a su licencia, y además vamos a tener que remitirlo al corralón.
- Muy bien. Ni hablar. Lo de la multa lo creo, lo de los puntos también, pero quiero ver el reglamento, porque no sabía que por dar una vuelta prohibida tuviera que ir al corralón...
- Cómo no, sólo que hágase más adelante, para no estorbar...

120 metros más adelante (no había forma de no estorbar antes de eso) nos alcanza sudado y jadeando.

- Oiga, se paró muy adelante.
- ¿No me dijo que no estorbara?
- Bueno mire, sólo porque trae a las niñas no lo voy a remitir al corralón, pero de la multa de 1,200 pesos no se salva, ni de los tres puntos.
- Muy bien, sólo déjeme ver el reglamento... ¿No eran cuatro puntos?
- Aquí está, Artículo 6, fracción 5.

Lo leo, y en efecto, la infracción es dar vuelta en U en lugar prohibido. Luego voy a al cuadro de multas que le toca a esa infracción, y ¡oh sorpresa! sólo habla de 20 días de salario mínimo.

- Oiga oficial. Aquí no dice nada de lo del corralón.
- Bueno, pero ya le dije que no lo voy a remitir.
- Oiga oficial. Quiero repetirle esto. Aquí no dice nada del corralón.
- Bueno señor, mejor no se preocupe. Lo voy a dejar ir así nomás, para que vea que soy buena gente.
- ¡Ah pues muy bien!.
- ¡Andele, váyase con cuidado!

La última visión que tuve de él fue por el espejo retrovisor, caminando de nuevo hacia su puesto, tapándose la cabeza con su libreta de multas, bajo el inclemente sol.

jueves, 24 de abril de 2008

El museo que no


, originally uploaded by elcalamar.

El Museo de la CFE en Chapultepec. No pudimos entrar, porque nos entretuvieron unos dinosaurios. Después, tuvimos que salir escapando de los viene-viene.

miércoles, 23 de abril de 2008

Nación pirata (por sólo 20 pesos)

De lo mejor de México, ya sea que quiera uno llorar o reir, son sus contradicciones. La siguiente debe pensarse como cantaleta típica de los vendedores de piratería en el metro de la Ciudad de México. En este caso, a la venta el video pirata de la exposición de Gregory Colbert, sobre la relación entre humanos y medio ambiente:

"Llévese los videos que harán reflexionar a la raza humana sobre su poder destructivo... por sólo 20 pesos".

miércoles, 16 de abril de 2008

Las reglas de la política (en México)

Regla número uno (y única): está permitido violar todas las demás reglas.

sábado, 12 de abril de 2008

De pecados, impuestos y obras pías

Escena 1

En Roma, la Iglesia católica anuncia una nueva variedad de pecados, para ampliar el abanico y ponerse a tono con los tiempos modernos. Entre ellos, se cuenta el de traficar y consumir drogas.

Escena 2

En México, la Iglesia católica acepta haber recibido cuantiosas limosnas de narcotraficantes. "A veces quieren lavar así sus pecados", se explica; y también da a entender que seguirá aceptando gustosa esa particular versión del arrepentimiento, porque: "de este modo, el dinero malhabido encuentra una causa para hacer el bien".

Escena 3

En la oficina de impuestos, a punto del síncope por todo lo que tengo que pagar al fisco, las noticias informan que el gobernador del estado de Jalisco donó, a la Iglesia católica local, 90 millones de pesos, ¡precisamente de nuestros impuestos! para construir una nueva meca de la fe.

De inmediato me invade un vigoroso deseo de pecar, y de evadir impuestos.

martes, 8 de abril de 2008

La seguridad pública en buenas manos

En la página web de la Secretaría de Seguridad Pública (la policía nacional), se encuentra como primera y única entrada de los "vínculos recomendados":

"Empresas de seguridad privada".

No hay sistema

Por quinta vez, aparezco en la oficina de trámites de la ciudad.

La primera vez que me presenté no tenía todos los papeles necesarios y no había sistema, pero al menos pude saber qué me faltaba.

La segunda vez llegué con todo en orden, pero la fila era demasiado larga, y un encargado me dijo: "Yo le recomiendo que vuelva otro día. El sistema está muy lento y hay mucha gente. Muchos de los que ya están formados no van a llegar a la ventanilla antes de que cerremos."

La tercera vez, el mismo encargado me dijo: "Se nos acaba de ir el sistema. Yo le recomiendo que vuelva mañana muy temprano, porque como a las dos horas de abrir, el sistema se vuelve muy lento y ya ve las colas, no nos da para atenderlos a todos."

La cuarta vez sólo aparecí para comprobar que tampoco había sistema.

Hoy fui por quinta vez. Llegué antes de que abrieran, y unos minutos antes pasó el mismo encargado de nuevo: "¿Trae bien todos sus papeles?" "Si -le dije-, es la quinta vez que vengo y nunca ha habido sistema." "¿Cómo cree? Aquí no nos ha fallado en mucho tiempo". Dicho lo cual, salió otro burócrata desde una oficina, y avisó: "No hay sistema. Esperamos que llegue en una media hora..."

Una hora después, cuando estaba a punto de abandonar nuevamente, reapareció el sistema.

Después de quince minutos de papeleo, firmas, revisiones y fotocopias adicionales, fui informado que nuevamente tenía que pagar un trámite en el banco y regresar. Les dije: "Oiga, pero cuando regrese ¿habrá sistema?". "Seguro", me dijeron.

En estos momentos sigo temblando.

Recibió su merecido


Waiting for the moment, originally uploaded by elcalamar.

La historia es más o menos la siguiente: la planta fue encontrada creciendo impunemente y con gran desparpajo en la jardinera principal de una ciudad del interior. Había tenido la indecencia y la habilidad para nacer y desarrollarse en forma robusta, frondosa y roja, exponiéndose a la vista de todos. Como la carta robada, su escondite en la plaza central la había preservado intacta.

Pero era inevitable, en tales circunstancias, que en algún momento fuera descubierta. Fue reconocida, finalmente, por dos señoras de intachable reputación pública, quienes apenas se dieron cuenta de la impúdica presencia comenzaron a chillar y a señalar con dedos acusadores:

-¡Dios mío! ¡Vírgen santísima! ¡¿Qué es eso?! ¡¿Qué hace aquí?! ¡¿Cómo es posible?!

-¡Es mota, es marihuana! ¡Que no la vean los niños!

Como podrá suponerse, las exclamaciones suscitaron rápidamente la curiosidad morbosa de los transeúntes, que pronto se transformó en un alboroto de considerables proporciones. Por fortuna, unos minutos después llegó la policía. Las fuerzas del orden, que saben muy bien la peligrosidad de este tipo de tareas, llegaron con gran alarde de sirenas, códigos y claves, armas desenfundadas y chalecos antibalas para capturar a la peligrosa delincuente, que justo es decirlo, no opuso mayor resistencia al verse rodeada. El escuadrón cortó todas las salidas rápidamente, y con las máximas precauciones posibles, ante la vista de todos, públicamente se le leyeron sus vegetales derechos, lo que a fin de cuentas no impidió que fuera literalmente arrancada con evidente lujo de violencia.

Entre la rebatinga, sin embargo, no faltó la mano artera que cercenara a la frondosa delincuente una de sus ramas más robustas. Y si bien ningún rastro de este primer desprendimiento fue hallado jamás, este curioso accidente quedó asentado en el acta legal que un personero del ministerio público se vio obligado a levantar, de acuerdo a todas las formalidades jurídicas y procedimentales que el caso exigía.

Tampoco el trayecto hacia las oficinas policiales estuvo exento de dificultades. Se especula que durante el camino la delincuente perdió otros de sus miembros más prominentes, pero el número y peso de ellos no pudo determinarse con precisión (las declaraciones de los custodios involucrados son muy contradictorias y dado que constituyen un legajo de más de 1200 fojas, obviaremos por el momento responsabilidades personales y nombres concretos por considerar que no interesan a esta crónica.) El proceso, de cualquier modo, aun después del trágico final que a continuación expondremos, sigue en pie, por lo que cualquier interesado puede consultarlo si así lo desea (parece ser que es un derecho constitucional).

Dado que a partir de este punto los datos se vuelven más ambiguos y dudosos, sólo es posible especular sobre los hechos que sucedieron a continuación. El convoy llegó al cuartel y de inmediato se le asignó a la delincuente una celda especial. Elementos militares, avisados con antelación, habían llegado desde tiempo antes con equipos misteriosos, de los que sólo se pudo saber que era de “características altamente especializadas”. A partir de este momento, el proceso legal quedó cerrado a la opinión pública.

Fuentes confidenciales a las que fue posible tener acceso, sin embargo, permiten conjeturar algo del final de la historia: desnudada ante las fuerzas del orden, con pocos argumentos para negar su propia existencia, sin fuerzas ya para luchar contra las condiciones de su desarraigo y las mutilaciones sufridas durante su detención, así como en el trayecto de la jardinera a las oficinas policiales (por los custodios) la planta terminó por sufrir un colapso masivo (ante los cuerpos especializados) el cual consta también en el acta médica que se adjunta al expediente general. Las fuerzas del orden la exprimieron al máximo, retorciendo sus últimos retoños rojos. Después de la autopsia, asentada ya legalmente, fue incinerada de inmediato.

Por último, es necesario apuntar que, a pesar de la gravedad de los hechos, no hubo consecuencias sociales de importancia. Los acontecimientos finales son conocidos por todos: trascendió públicamente que el interrogatorio fue extenuante para los sobrevivientes y liberador para las fuerzas del orden involucradas, tal y como lo demuestran las fotos oficiales: en ellas es posible notar un ambiente de relajación general, seguramente aquel que sólo se expresa a través de la satisfacción del deber cumplido. Al final, fue gratificante para todos presenciar la parte más emotiva de toda esta historia, en la que tanto militares como policías y jueces ríen conjuntamente, en un ambiente de gran cordialidad. El único rastro que ha perdurado, en imagen archivo, acerca de esta terrible experiencia, son los brillantes e inyectados ojos rojos que todos los presentes ostentaron frente a las cámaras fotográficas y de televisión, consecuencia lógica, si se piensa bien, de un llanto compulsivo y natural frente a tantas y tan perturbadoras emociones, sucedidas todas ellas hace no mucho tiempo, en una bella y ya no tan pequeña ciudad de provincia cuyo nombre es menester ocultar.



(Publicado originalmente en Paréntesis No.4, marzo de 2000)

viernes, 4 de abril de 2008

Nuestro futbol

Resulta incomprensible contar con tantos oportunistas, y al mismo tiempo, con tan pocos centros delanteros.

miércoles, 2 de abril de 2008

Ante la ley...


Dialogando, originally uploaded by elcalamar.

Apártate del camino de la justicia. ¡Es ciega!
Stanislaw Jerzy Lec

martes, 1 de abril de 2008

El valor de la educación

La educación es algo admirable, pero de vez en cuando conviene recordar que nada que valga la pena saberse puede ser enseñado.
Oscar Wilde

Estudiar en el Colegio Madrid, en la London School of Economics, en la UNAM o en el CIDE, como ya Wilde decía, no garantiza que sus egresados se caractericen por la rectitud democrática a la que tanto se apela en estos tiempos aciagos.

Lo anterior, por los notables antecedentes académicos de los que goza una parte sustancial de la dirigencia golpista del ex partido Alternativa Socialdemócrata, hoy Partido Socialdemócrata: no por mucho asistir a buena escuela, sale uno menos porro.

sábado, 29 de marzo de 2008

Ventana en azul


Ventana en azul, originally uploaded by elcalamar.


La ventana que me impujó a tomar más fotografías, y después la primera en el explore, también.

Kiosko morisco, Santa María La Ribera


, originally uploaded by elcalamar.



El espléndido kiosko morisco de Santa María la Ribera, en el norte de la ciudad, fue pabellón de México en las exposiciones universales de Nueva Orléans, San Luis Missouri y París. Hoy es, con más frecuencia, sede de grupúsculos urbanos que se lo apropian los fines de semana: desde concheros con ínfulas prehispánicas hasta nuevos evangélicos. La imagen fue tomada, por fortuna, temprano en la mañana, antes de que todo eso sucediera, en un sábado de hace no muchos meses.

Marx, Engels, FPR, Lenin, Stalin, México

¿Quién dice que no hay futuro para el país?

martes, 25 de marzo de 2008

El espectador en la vitrina

Ubicado en la Colonia Doctores, el Hospital General de México funciona desde 1905. Está construido en un predio enorme que abarca toda una manzana, y su actividad es idéntica a la de una ciudad compleja en la que nunca se descansa.

Sus instalaciones se componen de pabellones generalmente bajos, muchos de una sola planta, otros de dos, y algunos edificios más recientes y de mayor altura dedicados a especialidades como oftalmología, dermatología, nefrología, neurología, cardiología, cirugía, patología, medicina interna, etcétera. Todos los pabellones son más o menos independientes uno del otro, pero están rodeados por un jardín que los une entre sí a través de corredores techados. Si uno no es un habitual, el Hospital General es un laberinto.

Por sus pasillos pasa de todo, incluido yo mismo, que pienso visitar el Museo de Patología, en el que se asegura se encuentra el hígado canceroso del ex presidente Lázaro Cárdenas. Así que mientras camino y me pierdo por los pasillos, pasa ante mi el mundo del Hospital General: doctores de pelo blanco y aspecto venerable, médicos residentes de todos los rangos, estudiantes internos vestidos de blanco hasta los zapatos, enfermeras de toda clase y color, afanadores de azul o rosa, de ambos sexos, que llevan a cabo una labor perpetua de limpieza; de reos encadenados a sus policías (indistinguibles unos de los otros), de bebés en camilla asistidos artificialmente y en tránsito entre pabellones, de pacientes despeinados y empiyamados que deambulan arrastrando su suero, que se arrastran en muletas o silla de ruedas, ciegos de bastón, pacientes rengos y contrahechos, familiares perdidos que preguntan cómo llegar a algún laboratorio o que comen tortas y beben refrescos en los prados del jardín.

Mientras deambulo por tan fascinantes corredores contabilizo calderas, plantas de luz, cocinas, cafeterías, laboratorios, una zona de deshechos al aire libre llena de bolsas rojas que dicen “tóxico”, fotocopiadoras, bibliotecas, quirófanos, zonas de pago laboral y sindical, banco, auditorio, estacionamiento, crematorio… y todo rodeado por frondosos hules, jacarandas, fresnos, pinos, pirules o eucaliptos, que a su vez dan refugio a una cantidad inmensa de gatos.

Finalmente, llego al destino programado (nunca mejor dicho) y accedo al Servicio de Patología, que está formado por un edificio de dos plantas, con salida lateral a una de las calles de la tristemente célebre colonia de los Doctores. Arriba, la zona de disecciones y especialidades. Abajo, el área de recepción de la materia prima con sus respectivas salidas: la del crematorio al otro lado del estacionamiento; y la de entrega a deudos a un costado, con lugar para carrozas. Por el frente, que da al interior del hospital, se llega a la biblioteca y al museo de órganos, mi objetivo final.

Nadie puede decepcionarse de llegar hasta aquí. El museo es alucinante. Está contenido en una sola sala con ocho vitrinas centrales dispuestas en series de dos y de otros tantos aparadores de exhibición pegados a las paredes. Las piezas se encuentran suspendidas en una especie de tabiques de distintos tamaños (según la pieza) transparentes y solidificados. La colección es magnífica.

Se trata de órganos humanos con patologías imposibles de ocultar, que supongo sirven de ejemplo a los estudiantes (y de lección de vida a los que no lo somos). La ficha de cada ejemplar es escueta: contiene sólo el nombre del órgano en cuestión y su enfermedad observable. A veces, la información es demasiado técnica para el lego común y corriente, como yo. Todas las piezas tienen un extraño color kosher, debido a un proceso de desangrado necesario para la conservación. Los tonos ocres estremecen desde el primer momento.

La muestra incluye toda suerte de intestinos ascariosos, pulmones negros y cochambrosos, riñones invadidos por piedras que se asemejan preciosas, cerebros agujereados, teñidos o carcomidos, fetos anómalos y deformes (otros no, y por cierto, es impresionante ver el desarrollo de un feto a las pocas semanas de vida, lo que obliga a reconocer que algunos argumentos antiabortistas no dejan de tener algo de razón), cólones amibiados, vesículas “con aspecto de porcelana” (literal de la ficha), o huesos metastatizados. También son observables toda clase de micetomas, hongos enormes y deformadores en los que apenas se descubre, después de un tiempo de observar, la forma en que están unidos a algún miembro externo, como una mano o un pie. De especial interés y horror resulta un estómago peludo y negro, del que logro saber que perteneció a alguien que tenía el tic de comerse el pelo, y luego de un tiempo comenzó a acumularlo y a sudarlo por ese noble órgano.

Los estudiantes toman notas y los curiosos husmean, y aun cuando muchos familiares o visitantes pasan de largo y evitan mirar hacia el museo, los que se animan a entrar tienen toda clase de reacciones. Incluso, unos niños señalan a su papá cuál tráquea les gusta más.

Por fin, me doy por satisfecho y camino hacia la salida del hospital para llegar al metro. Aunque el mundo hostil y su comercio ambulante me esperan en la calle, yo apenas noto nada. Caigo en cuenta de lo infrecuente que es, para la mayoría de nosotros los vivos, volver la mirada hacia adentro de nosotros mismos… Y una vez hecho eso, concluyo, es necesario cuidarse de no hacerlo muy seguido.

Pero sorteando las fritangas, los puestos de chanclas para pacientes, y las plumas y relojes orientales, llego a una más cómoda conclusión de toda la visita: para todos los que tenemos frustraciones de índole artística, no hay duda que resulta muy reconfortante constatar, a pesar incluso de nosotros mismos, que también podríamos ser expositores permanentes, o al menos artistas en potencia, del Museo de Patología del Hospital General.

(Este relato fue publicado originalmente en el primer número de la, ahora desaparecida , revista Paréntesis, en diciembre de 1999)