El pasado miércoles me encontraba comiendo tranquilamente en casa cuando sonó el timbre de la puerta. Yo no abrí, pero alcancé a oir que alguien preguntaba por mi, por mi nombre completo, así que curioso me acerqué a la puerta.
Allí estaban paradas dos mujeres de mediana edad que, con listado en mano y propaganda en un carrito del mercado,me invitaban a votar en la elección del PRD, por... Y hasta allí llegaron, porque al ver mi cara se disculparon y se escabulleron rapidamente.
Corrí a la computadora, abrí la página de esa honorable institución política, y en efecto comprobé, con una dulce sensación de horror, mi pertenencia involuntaria a esas trincheras.
Al día siguiente hice una carta de denuncia que envié al IFE, y escribí otra para el órgano oficial de difusión del PRD, La (me)Jornada. Por supuesto, no publicaron nada. El día de mañana es la elección interna, y pienso ir a mi casilla para ver si me mantengo en el listado nominal... y por qué no, para saber si ya voté y por quién.